|
Mis mitos eróticos. Volumen II. Raquel Welch
Diez o doce días atrás, un conocido usuario donostiarra de esta misma página me instigaba a retomar mi olvidada serie de mitos eróticos. Una serie que inicié con Kim Basinger (“Nueve semanas y media”) y que hoy prosigo con Raquel Welch. Uno de los ejemplares femeninos más bellos que jamás han pisado el planeta Tierra.
Emplearé para incoar mi particular apología erótico-festiva “Un viaje alucinante”, mítica peli de sci-fi que tuve ocasión de ver con apenas catorce añitos en el seno de un ciclo escolar dedicado a los diferentes géneros que componen el espectro cinematográfico. Tal vez a día de hoy lo que os pueda contar desprenda inevitablemente cierto tufillo rancio o cromañonesco pero os aseguro que, a inicios de los ochenta, programar una peli protagonizada por Raquel Welch con fines didácticos resultaba tan absurdo y peligroso como soltar a la Marta Sánchez de los ochenta en pleno casco antiguo de Plan un sábado por la noche. No pretendáis, pues, que pierda ni un solo minuto en profundizar lo más mínimo en la peli de Richard Fleischer. Para ello os remito a las sensacionales críticas que previamente han colgado usuarios como Listo, Sines o Miquel. Tan sólo confesaré que, chica-florero al margen, “Un viaje alucinante” forma parte de mi top-ten particular de sci-fi. Desde que tengo uso de razón. O de sinrazón, que para el caso es lo mismo.
Pero retornemos a Raquel. Jo Raquel Tejada, hija de padre boliviano y madre norteamericana, nunca fue una actriz excepcional. Huelga decir, por consiguiente, que su apodo (‘el cuerpo’) no responde precisamente a sus magníficas dotes interpretativas. Exceptuando la peli que nos ocupa y “Hace un millón de años”, film en el que lucía un taquicárdico bikini de piel, el resto de su filmografía resulta tan prescindible como bochornosa. Quisiera reivindicar, sin embargo, su indiscutible condición como icono erótico del séptimo arte. Cuerpazos tan excepcionales como el suyo no proliferan tan cuantiosamente como pudiéramos imaginarnos. Es más, la historia del cine podría demostrarnos fehacientemente un dato irrebatible: existe mucho mayor talento creativo que cuerpos de escándalo. Y si no, comprobadlo vosotros mismos. Cualquiera de nosotros sería capaz de nombrar veinte cineastas de irreprochable trayectoria pero... ¿alguien sería capaz de citarme veinte diosas al nivel de Raquel?.
No os esforcéis. Es IMPOSIBLE.
Taylor 
|