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Los celos de Él
Como hacer de una obra simple una entrega artística y de un guión fritado a más no poder un producto que roza lo superlativo, pues Buñuel parece tener la respuesta. Película clásica y, sin lugar a dudas, universal dado que su temática nos sigue implicando hoy en día.
Quizás en algún punto todos somos Otelo, o ese hombre que la juega de victimario aún siendo víctima en Te doy mis ojos. Este título aquí cuaja a la perfección: que cada cual observe el mundo desde los ojos del otro, puesto que el prota de Él, si bien es cierto que con más de una conducta se gana la antipatía de todos, está lejos de comportarse como el "malo maloso" de la obra. Y es que la cámara no juega, eso es de agradecer. Toma una distancia prudente de los hechos, no se vuelca a favor ni de uno ni de otro; en su lugar prefiere cargar las tintas en el acento dramático y angustiante que domina el film.
Película con personajes de caracteres definidos y estudiados, Él se hace fuerte, por no decir sobresaliente, desde la cuidada puesta en escena y desde una elección estética/argumental que eleva este clásico por sobre la media: resulta que la peli inicia en presente, se bifurca desde la mirada de un personaje, se retrotrae a un flash-back, retorna al presente pero un poco más atrás, algo ya visto, solo que ahora desde la óptica del otro personaje. Pues, es un uso de la narrativa clásica...no tan clásico, y que funciona como elemento distractivo durante los primeros veinte minutos.
Por último, no puedo no mencionar la locura, los celos, y la locura que producen los celos. Resulta significativa la pesadilla viviente que se apodera del prota en los últimos tramos. Allí donde la cámara subjetiva hace su papel, recordándonos que los fantasmas pueden aparecer, conforme la voluntad que nosotros tengamos para que lo hagan.
Juan Rúas 
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