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Literatura redentora.
Parece fácil, pero debe ser muy complicado. Nos estamos acostumbrado a estos dramas costumbristas británicos, con sus mansiones solariegas, sus vastos paisajes y ese mundo oscuro y lóbrego de sentimientos reprimidos que hierven en el corazón de sus prtagonistas, pugnando por manifestarse.
Un material propicio para la moraleja de seminario.
Sin embargo, desde los Ivory/Merchant, Ang Lee a este Wright, hemos tenido la fortuna de toparnos con realizadores con un especial sentido y sensibilidad para tratar, y no manipular, para retratar y no caricariturizar.
En este caso, la historia gira en torno al concepto de la culpa, a las consecuencias que los errores producen en las vidas humanas, a veces irreparables, y en el fastuoso poder de la imaginación, y uno de sus eximios frutos, la literatura, con virtualidad mutadora de la realidad, como ocurre en este astuto, contenido y brillante film.
La interpretación de Ronan es sobrecogedora, pero es el papel de Redgrave el que da el poso necesario a todo lo que hemos visto, el que confiere esa gravitas integradora que asociamos a los grandes clásicos del cine.
Kevin Magee 
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