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Lars Von Trier desde el púlpito
Soy un gran admirador de Lars Von Trier, vaya por delate; pero El jefe de todo esto no me ha gustado, y he salido del cine no ya decepcionado, sino desconcertado, porque no me esperaba que la película no me arrancara ni una sola sonrisa.
Parte de una idea de guión que me parece brillante, como no podía ser de otro modo, pero creo que no está bien desarrollada. La película está lastrada por secuencias larguísimas, diálogos farragosos con sólo algunos oasis de brillantez o de hondura, y bastantes situaciones que se quieren divertidas sin serlo -un personaje que, al firmar un contrato, confunde el precio del objeto con un número de la cuenta bancaria, con la intención de hacernos reír -; hay otras situaciones que directamente son ridículas, como cuando un personaje se pone a recitar un poema cuando lo que debería hacer es firmar un contrato.
Para mí el principal lastre de la película es la falta de verosimilitud: no me creo lo que pasa, no me creo la reacción de los personajes ante los acontecimientos. Aunque haya una voz en off, la voz de UN AUTOR, que nos recuerde que estamos ante una representación, y aunque la voz omnisciente nos insinúe que no nos tomemos muy en serio lo que aquellos títeres nos están contando, no podemos evitar no levantarnos de la butaca; y como buenos cinéfilos seguimos leyendo pesadamente los subtítulos con la misma paciencia que los feligreses del rosario de las cinco.
Lars es un genio, pero no nos olvidemos que la genialidad y la locura se dan la mano
mansilla 
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