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Quién lo probó lo sabe
A la hora de abordar una crítica de Hoosiers prima mi amor por este deporte sobre mi pasión por el celuloide. Hoosiers es ante todo una película de baloncesto; me atrevería a decir la única que realmente versa sobre este deporte, pues en títulos posteriores el basket no es más que el "Mcguffin", hablando en términos hitchcockianos, para narrar una historia. En Hoosiers el baloncesto soslaya otros discursos; es la fuerza vinculadora de la historia, no un mero telón de fondo para abordar otras lides. Es el baloncesto el que aporta hondura y decoro al carácter de Gene Hackman, el que sustenta el devenir de su vida; es el baloncesto el elemento a partir del cual se describen las historias de todo un grupo humano en un pequeño pueblo de Indiana (para quienes no lo sepan, uno de los estados norteaméricanos con mayor tradición e idiosincrasia baloncestística), un grupo de personas cuyos caminos se encuentran en un vértice espacio-tiempo, a través de su amor por un deporte.
Tras el encuentro, Hoosiers adquiere connotaciones épicas. El equipo de un pequeño pueblo de Indiana que sólo cuenta con 7 jugadores protagoniza un bello periplo deportivo que lo conducirá a las más altas cotas. Sin embargo la hazaña deportiva se enfoca desde el prisma de lo humano, convirtiéndose el relato en un elogio a los valores que rodean a este deporte; el amor por el baloncesto guía a Hackman y sus chicos, quienes a través del esfuerzo, el sacrificio, el conocimiento, la voluntad y algo de fortuna como no, llegan a convertirse en algo más que ídolos.
Quien realmente conozca en profundidad este deporte, reconocerá a Hoosiers como una gran película de baloncesto...Quién lo probó lo sabe.
Evaristo 
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