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A veces, sólo una secuencia justifica una película. Compruébalo.
Empieza sin garra, como un videoclip monótono de tema cien veces ya visto. Casi en el centro del metraje se produce un giro. Cierto aleteo. La cámara cobra un poco más de ritmo, de credibilidad. Pero, si has llegado hasta aquí, tendrás premio. Es en sus últimos veinte minutos cuando, por fin, los personajes encarnan y la historia, como por arte de magia, se torna creible, humana, emotiva incluso. Incluyendo una secuencia, la de las fotos en el apartamento, que encierra más cine en sus venas que el resto del film enteretico.
Capitán Trueno 
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