Lejos de su hogar dos personas sumergidas en el sinsentido de una vida que parece haberles dejado a la deriva en un mar de apatía, se encuentran perdidos en mitad de la cultura nippona. Eso es Lost in Translation.
No se trata de la manida historia de amor que consta claramente de las tres partes pertinentes:
1- Planteamiento: chico conoce chica
2- Nudo: surge un malentendido
3- Desenlance: todo se arregla y todos tan contentos.
Tampoco veremos besos apasionados, lágrimas ni romances melodrámaticos. Simplemente, dos personas cuyas vidas parecen tan distintas se entrelazan dando lugar a un vínculo de comprensión y entendimiento. En unos pocos días una muchacha recién licenciada en filosofía, novia de un egocéntrico fotógrafo, y un actor entrado en años que ya ha perdido la cuenta de los años que lleva de casado y con hijos, encontraran un pequeño brillo en sus vidas al dar los primeros pasos de un amor maduro pero imposible.
Entiendo a aquellos que me digan que está película pueda resultarles tediosa, sin duda no se habrán dejado embaucar por su maravillosa fotografía ni por la música electrónica. Pero si hay algo que realmente hace a esta película lo que es, son sus interpretaciones. Con un Bill Murray que no necesita actuar ya que se interpreta a sí mismo y una Scarlett bellísima que realiza una de sus mejores interpretaciones antes de empezar su carrera como sex symbol.
Desde luego, Sofia Coppola deja ver en este film que tiene mano como directora, espero que aproveche su talento. Recomendada a mentes abiertas y sensibles.
spoiler:
La última escena, en la que él susurra algo al oído de ella, es un regalo para aquellos a los que gustan de observar y de inferir las emociones contemplando los rostros de las personas. Finalmente, una sencilla sonrisa de satisfacción... un empujón en sus vidas y la certeza de que hay alguien en alguna parte cuyo recuerdo estará presente.