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Energía y futuro (y no es una ecuación de ingeniería)
¿No esperarías que con este título tan largo y molón fuera a dejarla escapar? Eso sí, antes me tuve que tragar “Las hermanas Sintetas”. Pero ahí estaba yo, en los cines Renoir con una peli iraní ¡doblada! (ya paso de comentar, me he cansado hasta yo). Y la verdad chicos, es que me llevé una pequeña decepción. No saqué todo el jugo que esperaba.
La película empieza con la explosión del Buda de Bamian (Afganistán). Y os voy a confesar que cuando lo vi de nuevo anoche, casi lloré de pena. Aún me cuesta pensar que eso ya no está, que unos cuantos hijosdelagranputa decidieron explotarlo… y no por vergüenza.
“BEPV” tiene varias cosas interesantes, pero no deja de ser una historia sin mucha miga que no aporta cosas nuevas al espectador. Un servidor, ya está acostumbrado a esas películas del oriente próximo o vecinales en la que niños sin recursos ni suerte, sufren abusos y atropellos físicos, marginación o privacidad de cosas tan elementales como educación o sanidad. Majid Majidi, del quien ya he hablado con anterioridad, puede hacer lo mismo, pero lo cierto es que sus historias me atrapan muchísimo más que la de Hana Makhmalbaf. Así que quien haya disfrutado con esta película que vea a Majidi, disfrutará el doble.
Las cosas buenas que tiene son sencillas pero fundamentales. Esos niños jugando a la guerra me ponen los pelos de punta. En el folleto que dan a la entrada de los cines aparece una entrevista con la directora y dice: “A diferencia de sus homólogos en América, que aprenden la violencia de las películas de acción hollywoodiense, los niños en Afganistán la han aprendido al presenciar las atrocidades sufridas por sus familiares”. Y evidentemente eso es algo que se percibe y se sufre mientras se ve esta película de Makhmalbaf.
No cierra bien la trama esta joven realizadora. Los finales son quizá lo más importante en una película, es el sabor final en el paladar. De haberla cerrado correctamente, le hubiera puesto un seis y si su cierre hubiera sido bueno de verdad, quizá no hubiera dudado en colocarle un siete. Pero aquí, donde como he dicho no veo mucha historia, se merecía un cierre más consistente y no un juego visual y hermoso de cámara.
Me quedo con que Hana Makhmalbaf tiene sólo dieciocho años. Que hay muchas cosas a destacar y los fallos los puede mejorar con la experiencia y la ayuda de una familia de cineastas.
Chago77
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