Buena película que trata un tema bastante díficil con un tono cómico sin dejar de ser crítica. La historia en principio es bastante sencilla, pero está muy bien realizada, y además en aquellos momentos desde luego rompía con la mayor parte de las producciones que se estaban haciendo para la época, teniendo graves problemas por culpa de razones políticas.
La película critica al mismo tiempo la pobreza, por la que la gente se ve obligada a hacer cosas con las que moralmente ni siquiera está de acuerdo, pero hace por necesidad, y al mismo tiempo también critica la pena de muerte, vista aquí desde el punto de vista del ejecutor, no del acusado.
Tenemos dos personajes, el perro viejo en el oficio, y el novato que lo hace sin la más mínima vocación. El personaje de Amadeo, el viejo, está bordado por Isbert, que sin duda es el gran punto de la película, que dudo que hubiera sido lo mismo con otro actor. Le da un toque muy particular al personaje, porque a pesar de ser bastante brusco no llega a perder la humanidad. El personaje del joven es de lo más miedoso, todo lo contrario que se podría esperar de alguien que aspira a justiciar las penas de muerte, y donde más destaca es en la escena final, cuando por fin le llaman para que haga su trabajo. ¿Habrá indulto? ¿No? ¿Tendrá que hacerlo? ¿Dimitirá?
Un gran final es el colofón de esta película entretenida y bien realizada.
spoiler:
La mejor escena es al final, cuando le llevan a matar al criminal, atravesando el vacío camino hacía la zona donde se iba a realizar. Parece que se inviertan los papeles, y el acusado sea el que va tranquilo, y en cambio, el que le debe matar, parece que es el que vaya a morir en aquella sala. Y es que la primera vez es la más difícil, pero como dice Amadeo "sí sí, yo también dije que no lo repetiría después de la primera vez...".