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Nadie mejor que él, para retratar el hastío
Pareciera ser que después de "Lost in translation", Bill Murray se habría quedado encasillado, quizá sea así, ó quizá sea que ahora le es muy difícil separar lo real de lo ficticio, ¿quién sabe?, lo único que yo sé, es que no lo hace mal; aunque la historia es lenta, no por ello es una canción de cuna (bueno, no para mí), curiosamente no son los propios recuerdos fantasmas -que parecieran querer cobrar factura- los que lo vienen a buscar, si no viceversa; estos a su vez tienen mucho de perverso, son borrosos, casi absurdos y hasta frívolos, es esa la impresión que nos quiere dejar el director: ¿acaso vale la pena aquel tipo de seriedad cerca del final de nuestra vida?, ¿se puede enmendar toda una existencia que pululo por banal y despreocupado?, no hay razones exactas, ni grandes personajes que realicen grandes proezas, no hay enmiendas lacrimógenas, la vida ha transcurrido (para bien o para mal) y Bill Murray lo ve a través de un viaje que termina por hastiarlo; un pequeño aire de añoranza no lo va a trasformar, ni va cambiar nada.
(El resto de la crítica puede contar partes de la película)
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spoiler: Su pasividad por ratos da cólera ¿se puede dejar escapar a un posible hijo sin más que una corrida ligeramente esforzada?, encima la cinta termina así, realmente me gustaría preguntarle a Jim Jarmusch, que fué de aquella historia y aquellos personajes, como pocas veces me hubiera gustado algo más concluso (es que la curiosidad me mató aquel día).
rey 
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