Jarmusch vuelve a los orígenes y nos ofrece un nuevo film más lejano a "Ghost Dog" y "Dead Man", pero más próximo a "Strangers than paradise". Una narración que gracias a su estética depresiva consigue transmitir emociones innovadoras. Tras la profundidad argumental de sus últimos largometrajes, en "Broken flowers" recorre de nuevo a las trivialidades de las relaciones personales que, pese a conformar una tesis intrascendente, dan forma a una historia interesante y con originales elementos técnicos: la exagerada oscuridad, ese retrovisor controvertido, ese final incomprendido...
Bill Murray se hace cargo de una interpretación impecable que sigue la estela de las de Johnny Depp en "Dead Man" o Forest Whitaker en "Ghost Dog": los tres personajes poseen un mundo emocional completamente distinto, pero todos ellos gozan de la misma serenidad, aparente indiferencia e ironía.
spoiler:
Si el final es súbito, para muchos indignante, es porque configura una alegoría de la vida, los objetivos y las inquietudes del propio protagonista: lo que no completó en su día, permanece incompleto. Y no, no se nos da una solución ni un final feliz para que salgamos sosegados y distensos del mundo patético de Don Johnston.
No sé por qué, pero en cuanto la cámara empezó a dar vueltas alrededor de Murray deseé que ahí terminase todo y casi no pude creer que realmente sucediera.