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Voto de irian hallstatt:
8
Voto de irian hallstatt:
8
7,0
419
Fantástico. Drama
A Guy lo invita su madre a pintar el faro de la isla Black Notch, donde se encuentra el orfanato en que se crió hace treinta años. Es la primera vez que vuelve a este lugar tan lleno de recuerdos para él: su hermana adolescente, su mojigata madre, su padre científico y su propia juventud carente de estímulos; un caleidoscopio de imágenes memorables: un aquelarre en el pantano, la misteriosa marca de nacimiento de su madre, códigos y ... [+]
9 de noviembre de 2008
9 de noviembre de 2008
22 de 22 usuarios han encontrado esta crítica útil
* Si no fuera por el carácter eminentemente guiñolesco de la obra de Maddin, “Brand upon the Brain!” podría ser una de las cintas de terror más vigorosas, impactantes, sórdidas, pero también elegantes, de las últimas décadas.
El cine de Maddin, al menos una muestra como puede ser esta, si es encuadrable en el cine de terror, y en el de corte más crudo y desgarrado, matizado y suavizado por lo grotesco y teatral de la puesta en escena y la caracterización; por lo pantomima, aunque mucho menos acusada que en “The Saddest Music in the World”, que es otra obra maestra.
* Con esta nueva entrega el canadiense sube a un nuevo nivel de virulencia y oscurantismo. “Brand…” es una pesadilla de principio a fin, hipnótica y turbadora; una especie de revulsiva y triunfal revisión de los clásicos de Whale, Tourneur, Franju, o Browning; más enraizada en el expresionismo alemán, con toda su carga surrealista y romántica, y en el cine soviético. A toda esa tradición del horror añade Maddin una densa y tensa carga dramática, de trágicas reflexiones e incómodas lecturas, lanzándose sin ambages sobre fondos como el incesto, la homosexualidad, el maltrato infantil, el trastorno mental… Todo evoluciona como en los vapores de un sueño, la remembranza del Guy adulto sobre una niñez cuyo recuerdo le asalta al pisar de nuevo tierra reminiscente, y se evapora como las pesadillas, dejando una sensación desapacible, pero falta de todo alivio en el despertar.
* Maddin usa los recursos del cine clásico y los que le proporcionan los nuevos lenguajes y libertades expresivas para hacer estragos, para crear un monstruo (en muchos sentidos), enlazando un sin fin de secuencias e instantáneas horripilantes, desgarradoras, terribles. A todo contribuye de la forma más habilidosa la apabullante y sombría música, así como todo el aparato sonoro de la película, que se muestra genial en su forja de la hiriente atmósfera: espeluznante.
* Una triunfante reconquista por parte de las formas clásicas del horror; un lacerante aquelarre de horror gótico y romántico que desde mi perspectiva barre con todo el terror moderno. Los miedos infantiles plasmados de forma magistralmente artística, entrelazados con una perspectiva de los rincones más oscuros de la mente humana. Un cuento para no dormir. Maddin da lecciones de oscuridad.
El cine de Maddin, al menos una muestra como puede ser esta, si es encuadrable en el cine de terror, y en el de corte más crudo y desgarrado, matizado y suavizado por lo grotesco y teatral de la puesta en escena y la caracterización; por lo pantomima, aunque mucho menos acusada que en “The Saddest Music in the World”, que es otra obra maestra.
* Con esta nueva entrega el canadiense sube a un nuevo nivel de virulencia y oscurantismo. “Brand…” es una pesadilla de principio a fin, hipnótica y turbadora; una especie de revulsiva y triunfal revisión de los clásicos de Whale, Tourneur, Franju, o Browning; más enraizada en el expresionismo alemán, con toda su carga surrealista y romántica, y en el cine soviético. A toda esa tradición del horror añade Maddin una densa y tensa carga dramática, de trágicas reflexiones e incómodas lecturas, lanzándose sin ambages sobre fondos como el incesto, la homosexualidad, el maltrato infantil, el trastorno mental… Todo evoluciona como en los vapores de un sueño, la remembranza del Guy adulto sobre una niñez cuyo recuerdo le asalta al pisar de nuevo tierra reminiscente, y se evapora como las pesadillas, dejando una sensación desapacible, pero falta de todo alivio en el despertar.
* Maddin usa los recursos del cine clásico y los que le proporcionan los nuevos lenguajes y libertades expresivas para hacer estragos, para crear un monstruo (en muchos sentidos), enlazando un sin fin de secuencias e instantáneas horripilantes, desgarradoras, terribles. A todo contribuye de la forma más habilidosa la apabullante y sombría música, así como todo el aparato sonoro de la película, que se muestra genial en su forja de la hiriente atmósfera: espeluznante.
* Una triunfante reconquista por parte de las formas clásicas del horror; un lacerante aquelarre de horror gótico y romántico que desde mi perspectiva barre con todo el terror moderno. Los miedos infantiles plasmados de forma magistralmente artística, entrelazados con una perspectiva de los rincones más oscuros de la mente humana. Un cuento para no dormir. Maddin da lecciones de oscuridad.
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