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La eterna pregunta: ¿y si me acusan de algo que no he hecho?
El nuevo empeño de Michael Douglas en aceptar papeles cómodos e intrascendentes se llama La sombra de la sospecha. Me recuerda un poco a Al Pacino, en el sentido de buenos actores acomodados en papeles nimios, casi siempre de polis o similares.
El caso es que La sombra de la sospecha es la enésima repetición del esquema "hombre íntegro acusado de un crimen que no cometió y que tendrá que probar por sí mismo su inocencia". En este caso, Douglas es un agente del servicio secreto acusado de ser un conspirador contra el presidente; para no ser condenado por traición, emprende una huida en pos de su inocencia. Los sabuesos que le pisarán los talones serán Kiefer Sutherland, un habitual en este tipo de productos, y una novata Eva Longoria, novata tanto en la pantalla como en la vida real.
Si pasamos por alto algunos ribetes paranoicos del montaje, cierto efectismo casi inherente en el género y un misterio en buena medida previsible aunque bien administrado, tenemos una película como ésta: entretenida, intrascendente, ideal para un rato sin nada mejor que hacer. Sería verdaderamente sospechoso encontrar en ella algo nuevo o sorprendente.
juanantlopez 
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