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Crónicas del Nepal
Aunque nos parezca imposible, los habitantes de la región de Nolpo, en el Noroeste del Nepal, tienen que atravesar una vez al año gran parte del Himalaya con sus cargamentos de sal para poder intercambiarlos por grano, ya que de lo contrario no pueden subsistir. Este motivo es suficiente para impulsar a un pueblo que vive con lo imprescindible a hacer un viaje plagado de obstáculos servidos en bandeja por la propia montaña, que obliga a desfallecer a menudo a los distintos miembros de esta singular caravana, de la que los yaks, bovinos que llegan a pesar 1.000 kilos, forman parte como cualquier otro ser humano, con sus necesidades, y sus esfuerzos.
Cuando transcurren los diez primeros minutos de la película, el realismo y la fuerza de las imágenes, y la potencia de la banda sonora, consiguen que a partir de ese momento te dejes llevar sin darte cuenta por las desventuras de estas personas cuya fortaleza se basa en sus convicciones, en sus creencias y también en sus necesidades, a las cuales dan vida en la ficción auténticos habitantes del Himalaya, caravaneros, sherpas, y actores no profesionales que cuando miran a la cámara no necesitan hablar para transmitir sus temores, su dolor, su alegría por los pequeños logros, y su capacidad para liderar a una comunidad entera y vencer con energía su desánimo.
La narración se nos presenta con la tranquilidad característica del cine oriental, pero
está plagada de sobresaltos, alcanzando uno de sus momentos más álgidos, a mi juicio, en la secuencia que tienen lugar en el pasadizo junto al lago, cuyos efectos no pueden expresarse con palabras.
CAROLA 
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