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Ilustración del sistema policial y judicial
La temática constante en Hitchcock del falso culpable a lo largo de su filmografía adquiere en esta película su máxima expresión. Rodada bajo los auspicios de un caso verídico, la historia es la confirmación de un genio de la dirección en una vertiente diferente a lo que nos tiene acostumbrados. Aún así, el film mantiene el suspense narrativo pese a carecer de ello.
El film está impregnado de primerísimos planos al rostro de Henry Fonda (magnífica interpretación) y sobre su papel vamos asistiendo a una película de gran rigor documental, con momentos de claustrofobia llegando a la exasperación.
Descorazonadora y pesimista como no podía ser de otra forma, pues presenta un caso real, con el que Hitchcock nos introduce el aguijón de la indignación, la frustración y una rabia que va muchísimo más allá del film. La película es todo un alegato, no sólo al sistema jurídico y policial, sino a la sociedad que apunta con el dedo, sin pararse a reflexionar, a un inocente, sin medir las proporciones de sus actos.
Vera Miles compone el papel de su vida, al que confiere múltiples matices. Vemos cómo su personaje pasa de la fortaleza a la frustración, de la frustración al temor, del temor a la autoculpabilidad y, de ésta a la inestabilidad mental. En ella se concentran los estragos y las consecuencias de un sistema policial (que busca encontrar al culpable sin planteamientos reflexivos razonables), cuyos errores no son pagados nunca por ellos.
Hitchcock relata con absoluta brillantez cómo los procedimientos de acusación y encarcelación consiguen transmitir la sensación de culpabilidad, a sabiendas de su inocencia. El papel de Henry Fonda nos remite a la angustia de cualquier ciudadano de a pie, incapaz de demostrar su inocencia cuando todo está en su contra. Sin embargo, Hitchcock no se queda ahí y va más allá. Con crudeza y realismo nos expone cómo la acusación errónea puede arruinar la vida de toda una familia. La resolución de mostrarnos al verdadero culpable de una forma estilizada y contenida pone el broche liberador de la angustia, pero no por ello nos hace sentir bien.
Obra reflexiva, sobria, rigurosa y atípica en el cine de su autor. Magistral.
Isis 
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