Resulta enternecedor ver al jovencito Stanley haciendo de las suyas en una película interesante (sobre todo por quien la firma, aunque esto no sé si es un piropo o lo contrario).
En las primeras escenas consigue desconcertar al espectador con un ritmo rápido, presentándonos personajes diversos que en principio no acabamos de relacionar entre sí. Una no termina de creerse que esos señores grises con cara de contable se traigan entre manos el atraco en cuestión.
Lo cierto es que poco a poco te logran convencer, cada uno con sus motivaciones, de la "necesidad" de tal robo. Llegado a ese punto comienzas a hacer las distinciones pertinentes entre los malos de verdad y los "malos", que en realidad son buenos, pero es que la vida da muchas vueltas...
El ajetreo del hipódromo está muy bien logrado, aunque inserte varias veces las mismas imágenes en la preparación de las carreras. La ejecución del atraco no me parece tan conseguida, quizá porque una ya sabe qué se está cociendo y al verlo me sentí como la primera y única vez que hice chuletas en el instituto: "me pillan, seguro". Todo queda un poco artificial, metido con calzador.
spoiler:
Cuando aparece la típica viejecita pesada con el perrito (¡Servadac, a por ella!) algo nos dice que la cosa no va bien. Temor que como sabéis, se confirma luego ante el estupor de los protagonistas y el nuestro propio.
En fin, como dice el personaje en ese momento, al ver su captura casi consumada: qué más da. El caso es que se pasa un buen rato viendo una cinta bien filmada, con mucho talento detrás.
P.D.: yo no me dormí en Solaris. Mantuve abiertos en todo momento mis ojos azulverdosos.