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Los Imperdonables
Clint Eastwood se sube al caballo y empieza a galopar. Sabemos que no estamos ante cualquier película. Como en los viejos tiempos, los justicieros del Oeste van a rendir cuentas entre sí, con caras un poco conocidas.
Como si hiciera falta, Eastwood reinventa un género, el que lo llevó a la cima, que parecía perdido y sin lugar en el cine moderno, y lo ubica entre las mejores piezas de los años 90; y nos vuelve a demostrar, como si hiciera falta, que siempre que haya talento, se puede ser un grandísimo actor y en fenomenal director a la vez.
Unforgiven evoca aquel viejo principio sobre la vida acerca de los hombres imperdonables, los cuales al fin y al cabo, somos todos.
Desde esa simple premisa, Eastwood nos deleita con una última aventura de cowboys, en esos paisajes del Oeste que dibuja con maestría y sensibilidad.
Todos los cowboys son admirables, respetables y honorables (hablar del carisma de Gene Hackman, de Morgan Freeman o del propio Eastwood a la hora de ganarse al público, no sería cosa nueva), y a la vez, todos son malos (aunque algunos menos malos que otros), y eso es lo mejor de todo.
Un western de 1992 que se cuela entre las grandes obras de un género que, evidentemente, tuvo su momento de gloria mucho tiempo atrás.
Un Clint Eastwood que se sienta a charlar en una mesa de cowboys intemporal donde charlan sabiamente John Wayne, John Ford, Antonhy Mann, Howard Hawks y Sergio Leone. Modestamente
Melli 
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