A pesar de ser la, digamos, menor de las tres películas de la trilogía clásica está a tantos años luz de cualquiera de los tres horripilantes bodrios digitales que conforman la trilogía moderna que hasta parece una obra maestra y todo. Dirigida con gran pulso por Richard Marquand (será mejor o peor director de cine, pero almenos es PROFESIONAL, no como George Lucas) y con unos maravillosos efectos especiales de 1983, que permitieron crear bestiales escenas de combates espaciales sin tirar de la digitalización (porque básicamente, no existía), usando maquetas (mucho más realistas que cualquier render actual) y mucha creatividad y artesanía. No tengo reparo alguno en afirmar que la batalla espacial de Endor le da mil vueltas a la insípida e incomprensible refriega inicial del episodio III. Se podría criticar quizás el tema Ewoks, pero la verdad es que prefiero un ejército de quince mil de esos estúpidos peluches a un solo Jar-Jar Binks.
Una película memorable, un tebeo delicioso, una golosina irrenunciable.
Obvia decir que mi crítica va dirigida a la versión original del filme, sin esos monstruosos retoques digitales que Lucas introdujo a posteriori, como lo de sustituir, en la aparición final de los maestros Jedi muertos, a Sebastian Shaw por Hayden Christensen o lo del numerito musical de alienígenas digitales en el palacio de Jabba.
spoiler:
Bueno, como suelo usar el espacio dedicado a spoilers a sacar los trapos sucios de las películas (aunque las adore, como la que nos ocupa) pues ahí va uno:
-¿Cómo es posible que un hatajo de Ewoks, armados con arcos y flechas, hondas y palitroques puedan derrotar a una legión entera de stormtroopers, armados con blásters y acompañados nada menos que de cuantro AT-ST e incontables moto-jet?