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Las miasmas vitales del hombre de negro
Me encanta la música de Johnny Cash pero la verdad es que las correrías sentimentales e íntimas del hombre de negro me la traen al pairo. Si yo he visto "En la cuerda floja" ha sido por amor a las canciones, no porque me interesase especialmente su enchochamiento con June Carter, sus devaneos con las drogas o su dura infancia en el campito. Es porque siempre he pensado que lo que el artista debe dejar tras de sí es aquello que ha creado y que le distingue por encima de los demás mortales: bodas, hijos, crisis y vicios también los tenemos los seres corrientes y molientes. No me hacía falta saber que el cantante que me gusta es humano, gracias.
Pero en fin, visto lo visto, no está nada mal el biopic. Es de una linealidad clásica, no se resiste al topiquillo propio del género y tiene pocos momentos que de verdad puedan considerarse gran cine. Pero a mí me pone ver a Joaquin Phoenix resucitando el "I walk the line" o el "Folsom Prison Blues" con esa voz que no es la de Cash, pero es casi tan sombría y esteparia como la suya. O yéndose de gira con nada más y nada menos que unos jovenzuelos Elvis Presley, Roy Orbison y Jerry Lee Lewis ¡por Dios!. Los duetos con June Carter/Reese Whiterspoon, tremendos, especialmente las míticas "Jackson" y "It ain't me babe". Para felicidad total de fans y amantes de Cash, hay abundancia de escenas musicales y momentos mitómanos, a pesar de que Mangold se empeñe en meternos el espesito drama de la vida de Cash por el gaznate.
Correctísima película que sube un poco por la calidad de sus intérpretes y la banda sonora y baja un poco más por no incluir la acojonante "(Ghost) Riders in the Sky" entre su abundante selección de canciones.
Neathara 
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