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Prodigio animado
Pixar va camino de convertirse en una compañía que supere incluso a las cintas de imagen real. Esta esplendorosa maquinaria de hacer gran cine se va superando en cada joya que va entregando, de manera que desde que todo el mundo se sorprendió con aquella aclamada "Toy story (juguetes)", ha ido superándose con la secuela, la preciosa "Monstruos S.A." y, en menor medida, la imaginativa "Bichos", con las que han ido dejando atrás a las poderosas rivales con "Shrek", "AntZ (hormigaZ)" y "La edad de hielo" a la cabeza. Pero el elemento fundamental que hace de las películas de Pixar prodigios mejores que la mayoría de películas que se estrenan es el hecho de expresar en pantalla los valores de los seres humanos en personajes tan insólitos y sin alma como un grupo de soñadores juguetes que sueñan con la libertad, una panda de insectos de circo perdedores que se revelan ante los abusones, unos entrañables monstruos que se encariñan de la niña a la que tienen que asustar, y, en este caso, un entrañable pez que pierde a su hijo.
Si en las anteriores películas de esta verdadera factoría de sueños el valor humano que se plasmaba en pantalla era la amistad, en esta delicia de cinta el valor imperante es la relación padre-hijo. Así, la emotiva historia pone en escena la pérdida que sufre un pez payaso sin gracia, Marlin, de su único hijo, Nemo, huérfano de madre ya que un feroz pez la mató a ella y a sus cientos de posibles hermanos que aún estaban en sus huevos. De un dramatismo sorprendente en una película distribuida por Disney es el inicio, la pérdida de la madre de Nemo y la soledad del padre con el único hijo que le ha quedado. Pero es que lo que sigue a esta magnífica introducción es aún mejor: hora y media de imaginación visual, ingenio y talento.
Un guión excelente, dinámico y divertidísimo a la vez que dramático hace que cada diálogo, secuencia o simplemente silencio deje boquiabierto al espectador, que admira una de las películas más bonitas, imaginativas y emotivas que ha entregado nunca el cine de animación. Los desilusionados pero amables peces de una diabólica pecera de un dentista calzonazos a la que va a parar Nemo, unos amables tiburones que intentan dejar en reuniones su adicción a la sangre, un divertido pez con pérdida de memoria a corto plazo que acompaña al padre de Nemo en su búsqueda y un sinfín de criaturas son los más ingeniosos y caricaturescos personajes que se han podido ver en una película.
Uno de los factores más importantes para que la película fascine es la fotografía, la más asombrosa de todas las cintas de Pixar: el océano plasmado en pantalla con sus millones de peces circulando, trabajando y huyendo de los más grandes en un prodigio de imaginación técnica, elemento final para poner el broche a una película perfecta y sensible (que no sensiblera) que pasará a la historia. Maravillosa.
Lo mejor: todo.
Lo peor: demasiado corta.
Vincent 
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