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La obra maestra épica por excelencia
Como en toda obra maestra que se precie (y no creo que haya más de 20 en toda la historia del cine), todo en ella es perfecta: la fotografía, su maravillosa banda sonora, la interpretación de los actores, su guión, y por supuesto, su estupenda dirección.
Todos quisimos ser Yuri Zhivago, y poder disfrutar del amor de esas dos mujeres tan maravillosas y a la vez tan diferentes. No en vano es una de las historias de amor (basada en la que vivió el autor de la novela, Boris Pasternak) más hermosas de la historia del cine. Y encima, el modo que explica la revolución rusa me parece muy educativa e ilustrativa, y bastante objetiva.
Creo que está totalmente justificada su duración. No es una película de sobremesa, ni de palomitas, sino una película épica que desarrolla una compleja historia de amor, narrándonos de paso toda la revolución rusa, desde su preparación hasta el final del stalinismo. Y a mi no se me hace en absoluto pesada, porque hay mucho (e interesante) que contar.
David Lean volvió a demostrar que ha sido el más grande director de cine épico (y no sólo épico, porque la maravillosa “Breve encuentro” supone otra cima de la cinematografía mundial) de la historia.
No se la pierdan. Y los que ya la han visto… ¿cuánto hace que no la ven?
Alejandro 
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