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Promesas incumplidas
El visceral cine de Cronenberg y yo no nos habíamos llevado demasiado bien. Es más, creo que no hay ninguna película suya que me haya parecido más allá de lo mediocre. Ni las célebres La mosca o Inseparables consiguieron hacerme sentir algo. Esta historia comenzó a enderezarse un poco con la medianamente contenida Spider, y parecía significar el comienzo de una bonita amistad cuando presencié una de las mejores películas del 2005, la sobria y brillante Una historia de violencia, película que admiras más por las cosas que insinúa sin llegar a contar de forma evidente. Pero nuevamente, esa relación se ha vuelto a romper con Promesas del este. Partiendo de la misma base que en su anterior colaboración con Viggo Mortensen, la desnudez visual centrada en una historia sencilla pero contundente, tenía todos los puntos para convertirse en la cinta referente de este final de 2007, pero ha sido una absoluta decepción.
Desde el comienzo, Cronenberg hace muestra de su estilo, con esa facilidad para encontrar la violencia en cualquier aspecto de la vida, y verle ese punto divertido a la par que enfermizo que sólo los muy frikis hacen, llegando a disfrutar como un auténtico enano, lo que le hace altamente creíble, pues en su cine todo lo visceral se siente, duele. Siguiendo la línea de sus últimas películas, el director despliega todo su mundo interior en secuencias que, aun con una puesta en escena brutal, acaban por resultar excesivamente frías, algo que choca un poco con el planteamiento abiertamente sentimental del guión. Cronenberg se empeña una vez más en hacer un cine frío e imparcial y aquí reside su error, situándose como un mero narrador que observa la acción pero que no se implica emocionalmente. Steven Knight buscaba mayor implicación emocional en las diferentes intrahistorias que se abren a lo largo de la cinta, pero Cronenberg parece centrado en radiografiar de forma milimétrica a la mafia rusa, siendo el resultado final un poco contradictorio entre historia y narración.
Eso sí, Cronenberg logra dar un auténtico recital y mostrar que ciertamente es capaz de contar casi todo tipo de thrillers virulentos, pero que se hace un lío cuando hay sentimientos de por medio. Destacar también que la película bebe en exceso de El Padrino I y II, queriendo por momentos estar a la altura dramática de las mayores obras de este medio. Desde el comienzo, con unos títulos de crédito calcados a los de la película de Coppola, hasta el plano final, en claro referente a la enorme sutileza del final de El Padrino II. Todo ello por no hablar de una fotografía sacada directamente de los patrones de Gordon Willis... El reparto está sensacional, destacando a un Viggo Mortensen que compone un personaje brillante y paradigmático. Mención especial merece Armin Mueller Stahl... monumental. Hasta Cassel está tremendo. La que sí está pelín perdida es la buena de Naomi...
Tony Montana 
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