|
Porcelana china, tan frágil como valiosa.
La posguerra fue puro teatro, los juicios de Nuremberg también. Es cierto que deberían haber procesado a media Alemania, pero también a medio Japón. Pero no sólo entre las fuerzas de los Axis, si hubieran tenido un poco de vergüenza se hubieran investigado los crímenes contra la humanidad que cometieron los aliados, no únicamente los soviéticos, sino también los norteamericanos e ingleses en bombardeos indiscriminados contra la población civil. Por no hablar de la represión francesa tras la caída de Pétain. Quien más y quien menos tenía mierda hasta el cuello por lo que se montó el paripé y se dejó estar, pensando más en el hoy que en el ayer. Eso es más o menos lo que viene a contarnos Soderbergh en la excesivamente maltratada “El buen alemán”, pero con una diferencia, mientras alemanes y soviéticos son presentados como el mal en sí mismos, el pecado de los americanos es aprovecharse de ese mal para lograr científicos. Es decir, es un mal secundario. Cuestión que no es justa ni cierta.
Los americanos cometieron muchas barrabasadas durante la guerra y además se aprovecharon de la tecnología y de los cerebros nazis a posteriori. Pero su bajeza moral no empieza el día después de terminada la guerra, sino mucho antes, que se lo digan a ciudades como Hiroshima o Dresde.
Centrándonos en la película, sorprende la floja actuación de Cate Blanchett (por no mencionar a Tobey Maguire), siendo George Clooney y algunos secundarios los que logran aguantar el tirón.
Excelente fotografía sacada del pasado y magnífica reconstrucción de un Berlín al que los buitres de las potencias se disputaban.
Una obra interesante, mucho más de lo que se dice pero mucho menos de lo que seguramente pretendía Steven Soderbergh cuando la concibió.
Nota: 6,2.
vircenguetorix 
|