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El punto sin retorno
Si desde que apenas levantas dos palmos del suelo te enseñan que ser de orígenes latinos (portorriqueño, italiano...), o de raza negra, o de alguna etnia mal considerada en la ciudad de Nueva York es un estigma que te va a marcar siempre, si has nacido en Harlem este y desde que casi no sabes andar ya te están dejando muy claro que, o los tienes bien plantados, eres listo y te defiendes con un buen ataque, o acabas tirado como un perro en un charco y acribillado a balazos, entonces no tienes muchas alternativas.
Si te has criado en unas calles infernales donde reina la ley del hampa, y quieres sobrevivir, la única manera es convertirte en líder del hampa y dormir con los ojos abiertos.
Carlito Brigante ha pertenecido a la primera categoría, a la de los que nacieron en el lodo sin pedirlo y que se abrieron paso a base de astucia y de una fiera voluntad de vivir, aunque su vida estuviese emponzoñada hasta las cejas.
Pero Carlito es de esos hombres que tienen algo dentro de sí, una especie de alarma vital, que llega un momento en que suena y no pueden ignorarla, porque les está indicando que, si uno realmente lo desea y tiene la inteligencia y el tesón adecuados, es posible escapar del inframundo del crimen organizado para vivir de una manera normal y pacífica. Les avisa de que se están perdiendo algo importante. A Carlito no para de susurrarle que él tuvo algo precioso, el amor de una mujer maravillosa y lo bastante insensata para haberse enamorado sin condiciones de un gángster de Nueva York.
Carlito ha perdido cinco años en la cárcel, y ahora su alarma le dice que vaya a buscar al amor de su vida, al que tuvo que dejar en la estacada, y marcharse lejos, donde pueda empezar estando limpio.
Pero el haber sido un capo importante en Nueva York es algo que no se esfuma de cualquier manera. Muchos lo conocen, hicieron negocios con él, y debe favores. Y, como él mismo afirma, "un favor puede matarte más deprisa que una bala." Además, necesita reunir bastante dinero en un plazo corto para poder cumplir su sueño de marcharse con su chica a las Bahamas y ganarse allí el pan honradamente, disfrutando a orillas de un mar cristalino.
No será nada, nada fácil desprenderse de las cadenas que lo atan para tener una nueva oportunidad. Y la regla de oro es no traspasar el límite del punto sin retorno. Porque, una vez traspasado, no puedes volver.
Al Pacino desbordante, como acostumbra. Sean Penn, secundario de lujo. Penelope Ann Miller, sensualidad y dulzura derramadas. Un thriller de gángsters engrandecido por la presencia de sus protagonistas y por una acción al estilo clásico. Patrick Doyle que inyecta sin cesar sus hermosos temas musicales en cada escena, haciéndose presente sin pausa. Y también conocidas canciones latinas y pop que se estilaban a principios de los noventa en discotecas y clubes.
Brian de Palma remontó el vuelo con la que sería una de las películas cumbre de su carrera.
Vivoleyendo 
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