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Una vuelta de tuerca a la máquina del tiempo
Cual Leonardo da Vinci en el terreno de las producciones "indies", Shane Carruth ha elaborado una complejísima obra, triunfadora merecidamente en el Festival de Sundance. Desde el principio engancha al espectador con una trama que se va tejiendo a través de una compleja tela de araña narrativa, con flash backs continuos y una desasosegante manera de contar las cosas que obliga al espectador a estar tremendamente atento para poder seguir de una manera racional la historia. En efecto, uno se pierde y se reencuentra, se hace preguntas, se plantea qué está pasando, se intuye más que se entiende, en un estilo indudablemente referenciado a Pi, de Aranofski, en uno de los mejores ejemplos de cómo se puede y se debe hacer una obra interesante que saque al espectador de su habitual pasividad ante la pantalla. La sensación que permanece en el aire al acabar la película es soberbia: va fluyendo entre el "no he entendido nada" a "bueno, puede que esto tenga algún sentido, al fin y al cabo", para acabar entendiendo lo que el director ha querido compartir con nosotros. En definitiva, una película dura para los sentidos, pero sin duda golosa.
babayu 
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