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Una recreación que traspasa la pantalla.
Esta película tiene un problema, y es que su intriga criminal no termina de ser redonda. No sabría explicar por qué, pero no todos los giros argumentales me encajan. Aun siendo notable, me parece más una excusa para mostrarnos todo lo demás.
Dicho esto, y sin darle demasiada importancia, diré que El nombre de la rosa es una película excelente, de principio a fin. La intriga criminal de la que antes hablaba sirve para darnos a conocer un mundo, que aunque ya lo habíamos visto en el cine antes, pocas veces había sido reflejado con tanto talento.
La recreación de la vida en esa abadía traspasa la pantalla llegando a sentir el frío, la oscuridad, el olor, que de ella se desprenden. Es algo más que una increíble recreación de época, es algo mucho más intenso.
Otro punto a favor de la película es la extraordinaria galería de personajes que en ella aparecen. Desde el protagonista hasta cualquiera de los secundarios, todos resultan sorprendentes. Y esto nos lleva a otro de los grandes aciertos, que es el sorprendente reparto de la película. Espléndidos actores como Sean Connery (en un personaje excelente), F Murray Abraham y el siempre impecable Michael Londsdale, secundados por una galería de freaks absolutamente extraordinaria encabezada por el increíble Ron Perlman.
Jean Jaques Annaud demuestra con esta película lo excelente director que puede llegar a ser con un material tan sólido y complejo como el que le proporcionaba la novela de Umberto Eco. Es una pena que parte de esa complejidad se haya perdido en él paso a la pantalla.
En cualquier caso El nombre de la rosa se ha convertido en un clásico del cine de los ochenta con todo merecimiento.
ernesto 
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