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¡Cómo nos cambia el cine!
París no me emocionó. Prefiero comer en cualquier restaurante de carretera un menú del día consistente que plantearme ir a la "alta cocina". Odio a los roedores.
Pues bien, he pasado casi dos horas rodeado de ratas en un pijísimo restaurante de París. Estoy deslumbrado, animado y me gustaría seguir allí otro rato, a ser posible largo.
Esta película de animación lo tiene todo: Ritmo, personajes creíbles y profundos con los que se empatiza, bellísima música, dosis de moralina muy bajas, buen tono de los chistes y unas imágenes que son un espectáculo continuo en sí mismas. Quizá por esto último mis hijas de 3 y 5 años aguantaron perfectamente las dos horas, cuando la mayor parte de la película no es para su edad.
Sebastián Enrique 
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