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La primera gran película de Clint Eastwood.
Soy un fan de Clint Eastwood, desde siempre. Debo admitir que la primera vez que la vi no me llenó del todo, me pareció algo desigual. Después, con cada nuevo pase por televisión, me ha ido gustando más y más y actualmente la considero una de sus obras mayores. Puede que su factura no resulte tan redonda como sus más celebrados éxitos (Sin Perdón, Mystic River, Million Dollar Baby, etc.) y, en general, me parece algo más chata en su primeros compases y también en su desenlace, algo tibio, sin la misma fuerza en sus imágenes y con un final previsible, algo rutinario, aunque formalmente bien resuelto. Pero en conjunto tiene mucha fuerza y te va envolviendo poco a poco, transportándote al medio en el que se desarrolla la historia, al viejo Oeste, con un espíritu jovial, aventurero, incluso festivo.
Sus personajes están bien definidos, están vivos (para mí la principal característica de la obra de Eastwood, la facilidad con que es capaz de insuflar vida a todos sus personajes): el joven compañero de armas (memorable la historia de su padre y la canción que tararea), el indio amigo, la india y, en definitiva, todas y cada una de las variopintas personalidades que van desfilando por la pantalla, como la anciana que ayuda a nuestro protagonista al principio, un ejemplo de cómo en dos minutos puede un personaje apoderarse de la pantalla. Incluso el perro, que pasa desapercibido en una primera visión, adquiere la naturaleza de un personaje más cuando la película se vuelve a ver. Todos y cada uno tienen su lugar en el mundo que se nos muestra, su propia historia. Todos son presentados al espectador con respeto, con cariño, incluso los personajes más negativos.
La película es como un lienzo del viejo oeste, puesto hábilmente en movimiento para mostrarnos las peripecias de un heterogéneo grupo de personas que se mueven obligadas por mor de los designios del destino, del implacable destino que impera en un mundo hostil, lleno de amenazas: el viejo, mítico y salvaje OESTE. Nos muestra cómo esos personajes, sin pretenderlo, acaban interactuando, relacionándose, creando lazos entre ellos y lazos con la naturaleza, con la tierra en la que habitan. Y todo con un ritmo cadencioso, no carente de agilidad, trepidante en algún caso. Con unas imágenes llenas de plasticidad y con un notable equilibrio entre la palabra (memorables algunos diálogos, especialmente el de Jefe Indio) y la acción. Con un personaje principal muy rico cinematográficamente hablando, que irradia magnetismo (imponente la presencia y el carisma del personaje construido por el propio Eastwood), más complejo que los héroes al uso. Y también con unos personajes secundarios singulares y llamativos para el espectador.
En fin, una película interesante, muy entretenida, fácil de degustar y que con cada nueva visión se nos muestra más compleja, más rica. La primera gran obra de un cineasta que ocupara por méritos propios un privilegiado lugar en el olimpo de la historia del cine.
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