Ante todo decir que la sensación general, si cierro los ojos y me concentro en plan médium, es positiva. En conjunto la película entretiene, es eficaz. Eso no es óbice para señalar una serie de errores provocados por su carácter de ópera prima.
En todo caso los defectos ya digo que son comprensibles y perfectamente subsanables en el futuro. Y este tipo los subsanará, seguro. Talento parece que no le falta.
Puntos a favor:
- La preocupación por contar una historia sin plagarla de aspavientos y espasmos. La obsesión por introducir poco a poco al espectador en lo que se cuenta, que se empape de la narración y que sufra con la historia sin necesidad de saltar en la butaca como si tuviera piojos en el culo.
- Gran planificación, minuciosidad en el planteamiento de, sobre todo, las escenas más tensas. Ciertamente algunas escenas estiran y juegan con la capacidad de sufrimiento del espectador de manera ejemplar (el juego final, la Chaplin deambulando por la oscuridad del caserón…). Sin liberarle del yugo con sustitos tontorrones.
-Tomás.
- Belén Rueda.
- Un final sorpresa que no decepciona, precisamente, por no buscar rizar el rizo más allá de lo soportable.
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spoiler:
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Puntos en contra:
- Guión obvio. No siempre bien estructurado. En su conjunto, además, la historia es bastante flojita. Hay una cierta minusvalía a la hora de, por ejemplo, plantear la introducción hasta la aparición del incidente desencadenante… Ese defecto se observa en que dicha introducción parece precipitada a pesar de dedicársele cierto tiempo. Hay sensación de prisa, de apresuramiento abrupto, que impide implicarte en ese preámbulo de forma plenamente satisfactoria. Es funcional, como el resto del metraje, académicamente funcional. Pero la implicación anda lejos de la de una película plena y rotunda. Y además se incurre en algunos saltos que precisan de la condescendencia del espectador para considerar, por ejemplo, que el niño no está para que lo encierren, que el proceso de la Rueda es natural… así como determinadas revelaciones y conclusiones que surgen un poco por “ciencia infusa”.
- Ese mismo celo en la planificación que antes señalaba como virtud, tiene también su vertiente negativa. Convierte la cinta muchas veces en un excesivo ejercicio de diseño, más prefabricado que natural. Es un contrasentido usar y abusar de una factura cuidada en demasía si ésta, finalmente, es demasiado obvia, demasiado chillona. Aquí no existe atmósfera más allá de dos o tres momentos de intensidad. Es tal la obsesión con hacer avanzar el metraje a través de episodios aislados (cada escena está planificada con el mimo del escritor novel que cree que en cada párrafo tiene que haber un recurso literario de gran capacidad de impacto), que observas desalentado como el tremendo esfuerzo por conseguir un espectáculo en escenas aisladas no se traduce en cohesión, en una cierta coherencia global. Eso quiere decir que las escenas no se desembarazan del storyboard, las imágenes siguen demasiado pegadas a él una vez han sido filmadas. Esa falta de naturalidad, esa artificiosidad, es muy común en el cine español.
- La mandíbula desencajada de Benigna y esa mano que, como un resorte, se lanza sobre la muñeca de la Rueda y, de paso, sobre el buen gusto y la contención que en líneas generales definen las intenciones de Bayona.
- La banda sonora. Claramente ineficaz. Mala gestión de la música y sólo parcialmente aceptable el uso de los silencios.
- El niño protagonista. No lo hace demasiado bien el pobrecico… Qué le vamos a hacer.
- El título. Debió llamarse El Despiste. Sin duda.
Pero lo dicho, un buen descubrimiento para el cine español (o para el cine hecho aquí aunque esté americanizado hasta el tuétano). Expectativas todas las del mundo. Veremos.