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La mejor película en muchos años
Pequeña Miss Sunshine es un ejemplo de gran película con bajo presupuesto, y seguramente eso último es parte de su éxito, porque parece grabada por un miembro más de esa extraña familia, acercando a los personajes hasta el punto de dudar si existen o no en la realidad. Ese acercamiento de los personajes, casi como un vídeo casero, permite al espectador identificarse con ellos sin ninguna dificultad, a pesar de sus diferencias aparentes con los demás.
Desde el padre obsesionado con las claves de un éxito que nunca le llega, hasta el abuelo que trata de disfrutar sus últimos minutos de vida con la cocaína y enseñando el baile a su nieta, pasando por la madre que actúa de puente entre los diferentes miembros de su familia, el hijo que mantiene un voto de silencio por un deseo que le cierra los ojos a la realidad y el tío suicida que no es capaz de afrontar sus propios problemas, todos los personajes de la familia son tan impresionantes como imprescindibles. Pero la niña, Olive, está a otro nivel. No sólo consigue arrancar las mejores sonrisas con sus comentarios sencillos e inocentes, además rompe con la visión de los niños de las películas como personajes a los que da gusto odiar por su simpleza y su actuación forzada, llegando incluso a oírsele gritar de fondo, cuando la cámara está atenta al resto de la familia que discute la conveniencia o no del viaje.
Es como un episodio de Los Simpson, cuatro veces más largo. Mantienen en todo momento la capacidad de pasar del drama y la decepción al humor macabro o inocente, según exija el argumento, todo ello sin desgastarlo.
abcdefgh
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