Amelie nunca te va a decir que la vida es maravillosa, que todo es hermoso y que somos todos muy felices, La vida es dura, ingrata, injusta, y triste, y precismente por eso necesitamos a una Amelie en nuestra vida. Podemos remediar o hacer más llevaderos los grandes desastres de la vida, y aprender a ser felices con las pequeñas cosas e incluso llorar de alegría al percibir por primera vez la sutil armonía que se esconde tras ellas.
spoiler:
Amelie vive en un mundo real, y por tanto nada pasteloso. Es mundo en que los Boeing 747 caen del cielo sin supervivientes, los turistas se suicidan desde lo alto de las catedrales, un mundo de agitaciones neuróticas famliares y vecinos con mala leche, y en el que realemente se podría haber "tenido tres infartos, y haber tenido que abortar por haber tomado crack estando embarazada." No es un mundo perfecto, pero Amelie intenta mejorarlo. La mayoría de las personas probablemente se derrumbarían sin remedio si se encontraran con problemas como el del "hombre de cristal", pero en "Amelie" vemos que la única forma de vivir es la de luchar y sobreponerse a todo. El de Amélie es un mundo imperfecto, de vidas imperfectas, con la única promesa de la muerte al final, como bien sabe Dominique Bretodeau, al comentar que un día también él acabará en una cajita (y de hecho Dominique Bredoteau, a quien Amelie buscaba erróneamente, ya lo está). Sí, la vida es dura y nos conduce a la muerte, pero esa es aún más razón para ser valiente y tratar de disfrutarla.
Amelie vive en un mundo variopinto, un mundo en que tu amor puede trabajar en un sex shop, coleccionar fotos desechadas en que un musulmán se recoloca el tocado, en que lesbianas que se hacen llamar Dominique Bredoteau no pierden ocasión para invitarte a una copa. Es un mundo real, en el que vas a encontrate de todo, y en que los prejuicios y la intolerancia no nos servirán de nada.