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87.376
Ciencia ficción. Thriller
Chicago, año 2035. Vivimos en completa armonía con robots inteligentes. Cocinan para nosotros, conducen nuestros aviones, cuidan de nuestros hijos y confiamos plenamente en ellos debido a que se rigen por las Tres Leyes de la Robótica que nos protegen de cualquier daño. Inesperadamente un robot se ve implicado en el crimen de un brillante científico y el detective Del Spooner (Will Smith) queda a cargo de la investigación. (FILMAFFINITY) [+]
27 de marzo de 2008
27 de marzo de 2008
61 de 119 usuarios han encontrado esta crítica útil
La película es una mierda, pero el disco de Alan Parsons Project es la proya. Sus descargas eléctricas acelerando el hipnótico ritmo creado por un bajo de pellizcos graves y los sintetizadores como ingenieros musicales, convierten el vinilo en cuestión en una obra que te traslada, si cierras los ojos, a la ficción a través de la ciencia, mientras que en la película tienes que aguantar los vaciles del príncipe de Bel Air con el gesto compungido, es decir, los morros para delante y las orejas para fuera. Qué desagradable.
La acción transcurre en 2035. Al igual que 1984 (tostón de peli, por cierto) o 2001 (tostón de peli, por cierto), la confianza en el avance científico es ancha y el plazo temporal estrecho, es decir, que antes de peinar canas ya sabremos que lo que se plantea no es cierto.
Siempre a la vuelta de la esquina. ¿Para cuándo una peli que transcurra en el, por ejemplo, 234.879.333.409 d.C.?
Bastaría, seguramente, con un fundido en negro de hora y media. Pero no porque lo diga el americano ese que se ha subido al tranvía en marcha, no, sino porque las propias leyes de la estadística demuestran que el planeta azul lleva una buena racha (de millones de años) sin que un cuerpo celeste lo desintegre de un hostión. ¿Qué son millones de años en un tiempo ifinito? Nada. Y ya se sabe que todas las rachas, igual que comienzan, terminan.
La acción transcurre en 2035. Al igual que 1984 (tostón de peli, por cierto) o 2001 (tostón de peli, por cierto), la confianza en el avance científico es ancha y el plazo temporal estrecho, es decir, que antes de peinar canas ya sabremos que lo que se plantea no es cierto.
Siempre a la vuelta de la esquina. ¿Para cuándo una peli que transcurra en el, por ejemplo, 234.879.333.409 d.C.?
Bastaría, seguramente, con un fundido en negro de hora y media. Pero no porque lo diga el americano ese que se ha subido al tranvía en marcha, no, sino porque las propias leyes de la estadística demuestran que el planeta azul lleva una buena racha (de millones de años) sin que un cuerpo celeste lo desintegre de un hostión. ¿Qué son millones de años en un tiempo ifinito? Nada. Y ya se sabe que todas las rachas, igual que comienzan, terminan.
Aún así, la película estaría muy por encima de la media actual en calidad, y no tendríamos que soportar a Will Melohemontaodeputamadreparaserunactordemierdaypeorcantante Smith.
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