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Go with God. Bag full of guns
Si la sorprendente “Saw” supuso uno de los más grandes estímulos cinéticos en genérica policíaca, “Sentencia de muerte” se consolida como un cambio de registro que es, en realidad, la imposibilidad de Wan a la hora de plasmar un cuento oscuro y fértil sin fisuras. Ya no es solo que el guión flojee en numerosos aspectos, es que su coyuntura estilística llena, aún más de vació, su vacua estridencia emocional (incluido un plano secuencia que, espectacularidad minimalista aparte, carece de una coherencia narrativa en tal punto de la cinta). Lo que Wan propone no es del todo desafortunado: una peli de venganza que es “El justiciero de la ciudad” revitalizada por la iconoclasta digitalizadora del nuevo milenio.
El problema no radica en su (más que evidente) poderío trasgresor (el hermano pequeño visitando la habitación del mayor es uno de los momentos más logrados), sino en que Wan, finalmente, deja ver, tras “Saw” y “Silencio desde el mal”, que a él lo que verdaderamente le interesa es la acotación virulenta y morbosa, enmarcada en algún que otro planazo para el recuerdo (balazos que amputan piernas, la impavidez del “héroe” a la hora de consumir su venganza, el magnifico tiroteo dentro de la casa). Vamos, que los recortados apuntes gore son el preludio de un director que se ha visto sumido por una coartada de autor serio y maduro, cuando lo suyo es, definitivamente, la violencia esperpéntica y masiva, y el suspense expuesto como cámara de ecos videoclipera. El resto es paja y poética blanda. Amén por un John Goodman grandísimo, y un malo (Garrett Hedlund) que mola más que el bueno (un poco convincente Kevin Bacon).
Lo mejor: La pelea dentro del coche, y el desenlace de la misma.
Lo peor: El ridículo personaje de la detective.
Clark 
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