Érase una vez un hombre tan pobre, tan pobre, que sólo tenía dinero.
spoiler:
Dinero, y un recuerdo. La nieve. La ilusión. La alegría que nace desde las entrañas, inocente y limpia. Se puede sonreir y no ser feliz. Cuando todo se tiene, no se sueña con nada. Nada, salvo un trineo, un sencillo juguete como el más dulce de todos tus sueños.
Semejante idea debía ser expresada entera en un flash back. Con sombras y contrapicados, porque no es si no el alma oscura de la avaricia lo que se muestra.
Como si filmada por Eisenstein estuviese, la iluminación oscura de una colina blanca, de un niño con su trineo y una mala noticia. Saltar al vacío desde la felicidad pura hasta la cruel y material supervivencia.
Qué lastima que los genios, entre excentricidades, locuras y limitaciones de productoras, rara vez rueden más de 2 ó 3 obras maestras. Es el toque del diablo que se esconde en Charles Foster Kane.