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Anacleto, agente secreto
Algunas de las películas del tierno Clive no están mal, aunque empiezo a pensar que este tío es gafe. Tiene un éxito tremendo entre las féminas, pero a mí no me dice nada, y a la mayor parte de sus personajes, los mata antes de empezar a interpretarlos. Sin embargo, en este caso la labor de Owen es lo de menos, porque la película no da mucho de sí.
Hay un tópico, bastante acertado, que dice que las grandes obras no son aquellas que ofrecen respuestas, sino las que plantean preguntas. Lo malo es que ese aforismo es igualmente válido para las birrias con pretensiones, que es lo que me ha parecido ser esta absurda trama conspiranoica. Cualquier librucho de Estulin tiene más intriguilla, y el CFR mete mucho más miedo.
Ahora resulta que detrás de algunos turbios negocios, como el blanqueo de dinero, el tráfico de armas o las guerras civiles en países subdesarrollados está la banca internacional. Buenooooooooooo, qué descubrimiento. Y qué escándalo. Pues el lumbreras de Owen y la despistada de Watts, que está como un pulpo en un garaje, deciden acabar con la conspiración en la sombra ellos solitos. Hay un tiroteo muy chulo en el Guggenheim de NY, y lo dejan hecho unos zorros. ¡Si el pobre Frank levantara la cabeza! La catarsis del ex-Stasi tampoco tiene desperdicio. Además sale Berlín, y Milán, y Estambul… Está muy bien como folleto turístico. "Vocación de cine de acción puro", dice una experta por ahí; manda c...
Shinboneniná 
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