¿Cómo es posible que la presuntamente estupidez de su premisa inicial y una inanimada y burda muñeca hinchable me hagan sentir lo que ni Eastwood ni Streep consiguieron con "Los puentes de Madison"? Todo es tan ridículo e hilarante que lo imprevisible se abre camino a borbotones como pocas veces he acertado a ver en ningún otro filme de similares -si es que es posible usar este adjetivo- características.
¡Qué no es capaz de hacer el ser humano por amor a pesar de nuestras infinitas limitaciones! Tod@s hacemos infinidad de idioteces, como bien recuerdan casi al inicio de la peli esa gozosa reunión cuasifamiliar dónde siempre hay algún hobbie del que no sentirse precisamente orgulloso.
En fin, secundarios gloriosos (por fin un cura y una psicóloga que son como han de ser) y escenas delirantes y tiernas que hacen que te flaqueen las piernas*.
Tuviste buen gusto Lars; también conseguiste enamorarme de tu muñeca de silicona.
spoiler:
* La reanimación del oso de peluche merece un óscar