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Voto de Waxpieces:
6
Voto de Waxpieces:
6
Drama París, 1968. Isabelle (Eva Green) y su hermano Theo (Louis Garrel), solos en la ciudad mientras sus padres están de viaje, invitan a su apartamento a Matthew (Michael Pitt), un joven estudiante americano, al que han conocido en un cine. Una vez en casa, establecen unas reglas para conocerse mutuamente, explorando emociones y erotismo a través de una serie de juegos extremadamente arriesgados. (FILMAFFINITY)
8 de diciembre de 2005
5 de 12 usuarios han encontrado esta crítica útil
Bertolucci ha dado las claves de su parecer respecto de ciertos temas, el deseo, el sexo y el compromiso, una interpretación en El conformista, por ejemplo, de la decadencia política ligada a la decadencia moral y subjetiva. Lo ha hecho probablemente mejor que ningún otro cineasta: la degradación moral, la enajenación en un mundo sin amor en El Último Tango o las aguas procelosas del incesto en La luna.

Si todo lo anterior es cierto, si observamos uno de sus filmes con una perspectiva de conjunto, percibimos que hay cosas que ya se dijeron, que fueron mejor dichas, en definitiva, que si se retoman son una revisión de su cine. ¿Hay algo de malo en esto? Supongo que no, si contribuye a robustecer el cuerpo de sus obsesiones personales como realizador, si suma elementos a su obra creativa. Los soñadores es una clave conocida en Bertolucci, principalmente para quien ha visto La luna, Último Tango y El conformista. ¿Qué de lo que se repite en Los soñadores, no se ha dicho antes y mejor en El conformista?
Louis Garrel
Para un realizador como este, que ya escandalizó las conciencias con El último tango y sus cadavéricas imágenes decadentistas, la apuesta por la provocación moral no es el único recurso. Para un público como el de hoy, el peso moral de que la sangre se derrame de la entrepierna de la virgen y se la pasen por la cara, no dice nada, solo intenta escandalizar. ¿A quién? ¿A los que ya fueron tocados por La luna o el Último Tango?

Hábilmente situada en la atmósfera de mayo del 68, Los soñadores, tiende un trasfondo político bastante revisionista. Sabe Dios que estoy muy lejos de fantasías revolucionarias e incandescencia rebelde, pero al parecer hoy en día está muy en boga revisar la conciencia de la década del 60. Es cierto que gran parte de la rebeldía francesa fue una divine gauche, izquierda de salón y café. Pero NO TODA la izquierda maoísta fue una izquierda divina, una izquierda de compromiso de boca. En la película parece que el conflicto interior, subjetivo de los protagonistas, rebasara su condición histórica. Y eso que funciona como una sospecha en otros autores, el hecho de que mayo del 68 fuese conmovido por irresponsables mutilados en sus vidas personales o abrumados en su subjetividad, aparece como incontrovertible en la cinta. Precisamente en la escena final cuando el hermano echa por la borda un pacifismo que nunca tuvo y se lanza a la lucha violenta, igual de irresponsable que su lucha personal. Pero en realidad, ¿sucedieron las cosas así o el director exagera y pretende darnos una imagen desencantada (ay, la moda de los tiempos) de lo que ocurrió? La mirada no da lugar a la duda o la reflexión. Que fueron unos jóvenes idealistas e ingenuos, lo sabíamos. Que todos lo fueron o lo fueron por solo estas causas, es lo que el director no se ha detenido a dudar. Hasta una imagen maniquea cabe: la del joven e idealista norteamericano que choca con toda la realidad espuria de la pareja incestuosa.
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