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Sobra el director
Dijo Cameron que pretendía marcar un antes y un después en la historia del cine con Avatar. Con un par. Pero sin duda lo ha conseguido. Mientras la película la hace el ordenador, miel sobre hojuelas. De haber sido así en su totalidad, habría podido pasar por un documental de un planeta futuro a pesar de la poca y terricolizante imaginación echada en el bestiario virtual y la muy antropocéntrica recreación de los indígenas. Pero héteme aquí que a alguien en algún momento se le debió de encender una lucecita y dijo, "pero habrá que contar algo, ¿no?". Y ahí, la jodimos, con perdón. Una historia plana como pocas veces vista, unos personajes sin chicha, unos diálogos cartón-piedra, unas escenas de guerra encorsetadas y un par de trampas de guión y, zas, la película a la papelera de reciclaje. Lo dicho, una nueva perspectiva del cine, sí: la de las películas hechas a medida por ordenador. Y a favor, oigan, no se vayan a creer. El cine no se va a quedar más muerto de lo que ya está.
Rafa 
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