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Travellings y puñetazos.
Chan-wook Park cogió un cómic e hizo cine con él. Puro cine. De diseño, vacío, gratuito… Es posible, pero en estado puro y, por tanto, apasionante.
Retorció su caligrafía hasta conseguir un resultado de perturbado trazo, que carga las tintas de un manierismo extremo para así distraernos de la chorripollez que en el fondo nos está contado. Y lo logra, vaya si lo logra. Poco importa una trama absurda, inconcebible, una tragedia extravagante de puro delirio; poco importa ya que sus pretensiones se basan en instrumentos que nada tienen que ver con un desarrollo dramático convencional, ni con la sensibilidad cotidiana del espectador. Huye el director de uniformidades, explicaciones y propuestas unidireccionales. Cuestiones más cómodas para el espectador que busque caminos ya transitados para pasar un ratito entre hostias y enigmas. Esta peli va más allá.
No hay aquí implicación con los protagonistas, no hay un guión obsesionado con ser una guía justificativa, nada de géneros claros, asideros, referentes… Chan-wook Park nos da una clase magistral de cómo dejar con la boca abierta a medio mundo despreciando atajos argumentales (si obviamos el final sorpresa que, pese a todo, encaja en la esquizofrenia general de la cinta).
Así, el realizador organiza su cinta desde el cálculo propio del video-clip, desde la vacua estilización (lo concedo en parte aunque sería discutible), desde la inanidad si se quiere; pero es curioso que pese a todo ello muchos hayamos alucinado con ella… ¿Motivos? Creo yo que Park logra el objetivo, imposible a priori con un guión como éste, de sujetar los despropósitos de la historia con una realización ejemplar en lo narrativo, no sólo en el impacto fugaz, y de vibrante puesta en escena.
Es decir, algunos se quedarán con la planificación de las escenas de violencia, con los travellings, con algún movimiento de cámara preciosista y el genial paquete que conforma con el uso de la música y las interpretaciones… Pero la cinta va más allá… No consideremos una realización como algo divisible, analizable en partes; veamos el conjunto y preguntémonos si esa puesta en escena consigue algo más que conmocionarnos con puntuales sacudidas. Si nos define un tono, un ambiente propicio y congruente con la trama que incorpora; si configura una atmósfera y hace avanzar la narración enfocando unas rodillas desnudas y una campanilla en una puerta; si consigue generar un clima que justifique una historia, que la complete y que convierta, durante dos horas, en verosímil lo inverosímil.
Yo creo que la realización de Chan-wook Park nos traslada a la locura irrespirable y a la venganza desquiciada; creo que transforma la cámara en puños y los travellings en… Bueno, eso ya lo digo en el título.
No creo que se le pueda pedir más.
Bloomsday
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