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y otra vez
Decían que esta vez, el maestro Lee se había equivocado. ¡Pues benditas equivocaciones! Para mi ha conseguido con esta película, con aire clásico, una de las mejores que quedarán de este 2007. Dejando a un lado sus excelencias técnicas, que relucen y destacan en cada uno de sus apartados (fotografía, música, diseño de producción) y que la hace inmensamente grande es la elegancia, maestría y eficiencia de Ang Lee para llevarla a cabo. Su manera de dirigir, en la línea de su anterior "brokeback mountain" pero acentuando su procedencia asiática, con planos espectaculares, una escenas de sexo, de lo mejorcito que se han visto en el cine, y dotando, voluntariamente, al conjunto de una sobriedad y frialdad notables.
Se le podrán achacar mil y una referencias, desde "casablanca" hasta "encadenados" pero ese aire clásico que le imprime el director taiwanés a la cinta hace que veamos el Shanghai del 42 con una perspectiva incomoda, con toda la inquietud posible, percibiendo la incomodidad reinante en aquella época.
Por último, y por eso referencia especial, a los intérpretes, desde una eficiente y contenida Joan Chen, a la revelación maravillosa de Tang Wei (camino de convertirse en la nueva Zhang Ziyi). Pero si alguién me impresionó ese fue Tony Leung, que realiza una interpretación soberbia, en todos los sentido, ¡Qué gran actor!.
Pues eso que de ahí el título de mi crítica, esta es la décima película de Lee y no puedo más que decir, que otra vez me ha vuelto a dejar con la boca abierta.
paulo campos 
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