Alejandro Gonzáles Iñárritu cierra con broche de oro su trilogía sobre el dolor y el caos con esta imponente y excelente película que como sus anteriores trabajos se trata de un conjunto de historias relacionadas mediante una tragedia, sólo que esta vez es internacional.
Un disparo que rompe el silencio del desierto es el detonante de una cadena de tragedias que involucrarán a unos niños marroquíes, una pareja de turistas estadounidenses, una niñera mexicana y a una adolescente japonesa sordomuda.
El tema central es la incomunicación, representada aquí en todas sus formas. Por barreras geográficas, un estado anímico, diferencia de idiomas y por una discapacidad física.
Nos muestra que a veces nos distanciamos mucho de nuestros seres queridos y que sólo basta escucharlos para reencontrarnos con ellos, y que el verdadero lenguaje universal es el de las emociones. En cualquier parte del mundo hay gente que sufre, suceden hechos trágicos y hay personas que no pueden ser felices. Esto es obvio, pero a veces se nos olvida.
Las actuaciones son impactantes. Brad Pitt y Cate Blanchett soberbios, Koji Yakusho sobrio y Gael García Bernal estupendo. Pero las mejores actuaciones las brindan dos prácticas desconocidas que salieron del anonimato sólo para robarse esta película: Adriana Barraza, formidable, totalmente entregada a su papel, y Rinko Kikuchi, quien no pronuncia una sola palabra, pero resulta estremecedora. Sin duda, las mejores secundarias de 2006.
Son personajes enfrentados al dolor, solos, perdidos, con un vacío en el corazón, como todos alguna vez hemos estado. Siempre es bueno ponerte en el lugar de los personajes y así sentir lo que realmente te quieren transmitir.
Admirable también la fotografía, el montaje y su envolvente banda sonora.
Historias tristes, trágicas y desgarradoras, pero a la vez muy bellas y con profundos y poderosos mensajes de esperanza. Quien dentro de sus ser alberga esperanza es alguien afortunado, porque quien carece de ella no posee absolutamente nada, y para el la vida ya no tiene ningún sentido. Lo importante es saber que los días terminan solo si así nosotros lo permitimos, ya que de nosotros esta la verdadera fuerza para recuperarnos y continuar. Tragedias van y vienen, pero cada una nos deja algo. Después de la desgracia todo parece quedar en ruinas, pero siempre hay algo que se mantiene en pie. Siempre hay una oportunidad para ser felices y salir adelante.
spoiler:
Todo indicaba que todos tendrían un final fatal, pero todos sobreviven. Ese es el mensaje de esperanza.
Los niños marroquíes juegan con fuego. Su edad les impide ver el peligro de las armas mortales y ellos lo ven como un simple juego. Rápidamente todo se convierte en catástrofe y uno de ellos muere trágicamente. Su hermano queda vivo pero en su mente siempre estará ese recuerdo, que lo hará pensar dos veces antes de volver a cometer una tontería.
Amelia es una mujer que ha luchado arduamente para lograr lo que tiene. En verdad ama a esos niños porque los ha cuidado desde siempre y son su responsabilidad. Cuando se pierden en el desierto ella los protege anteponiendo su propia vida. Ese paraje estéril representa muchas cosas: soledad, incomunicación, angustia por no poder solucionar un problema. Al final todo se le va de las manos, pero reconoce que fue su culpa y los niños son encontrados sanos y salvos.
Richard y Susan son una pareja que tratan de solucionar un error tomando unas vacaciones, sin embargo, esto no es suficiente. La tragedia que les ocurre les hace unirse más, escucharse mutuamente y valorar lo que tienen: sus propias vidas, sus hijos y el amor que se tienen el uno al otro. Richard vive un calvario pensando que su esposa va a morir, pero al final logra sobrevivir. Nos hace ver que a veces nos sentimos mal por asuntos pequeños que se pueden solucionar fácilmente, y que no son nada comparadas con las verdaderas tragedias de la vida.
Chieko parece una chica risueña y vital, pero en realidad es una persona profundamente lastimada e infeliz. Siente un gran vacío y hasta cierto punto esta traumatizada por la muerte de su madre, su padre la ignora y encima está su discapacidad, por la cual es rechazada y ella perfectamente lo sabe. Piensa que su vida no será como la de una persona “normal”. La vemos divertirse y estar rodeada de amigos, pero siempre termina con un semblante triste. Esto nos hace ver que la soledad no tiene que ver con estar acompañado físicamente, sino que es una condición del corazón. Trata de tener sexo con cualquier hombre para sentirse deseada, pero en realidad lo que busca es sentir un poco de amor, llenar ese vacío interior, aunque sea de la manera más denigrante. Llega a su casa y se derrumba. Sólo están ella, el silencio y sus pesares: el verdadero dolor es aquel que se sufre sin testigos. Cuando el último hombre la rechaza no lo resiste y se pone a llorar, en una de las escenas más desgarradoras. Contempla el suicidio, pero al final se arrepiente y es rescatada por su padre.
Y por último, tenemos ese portentoso final. Sin duda, el mas bello, puro e inigualable que haya visto. Esas manos unidas, esos rostros surcados por lágrimas, ese hermoso abrazo, ese padre acariciando a su hija. No cabe duda de que una imagen dice más que mil palabras. La cámara se aleja y esas dos personas que se han reencontrado desaparecen entre la inmensidad de los rascacielos.