Sí señor: esa España de odios y envidias, no sólo sigue viva y ha vuelto a salir de la alcoba; es que crece cada día, y lo hace gozosa, llenándose la boca de faltas y reproches ni reflexionados ni fundamentados, por el mero hecho de bravuconear, entregándose el individuo a una de las pocas opciones que se le ofrecen, frente a un contrario que no es más que un ente, en cuanto a que está creado a partir del odio a tus ideas, igual que tú a partir del odio a las suyas… un frontón sin pared de fondo.
Tal vez sin querer, y sin ser adaptación a ninguna de sus novelas, comparte esta película de Saura la estructura y sequedad de la literatura de Don Miguel, el más grande. Y no hablo de ese de Alcalá de Henares, hablo del de Vallalodid, y se nota porque es dialogando, con palabras y miradas, como se retratan los personajes y a esto añade Saura los silencios para dibujar también sus mezquindades…
spoiler:
… y aterrizar en uno de esos finales con frenazo en seco: el homicidio, con las que tantas veces el pucelano dio carpetazo en sus novelas.
En fin, una peli más seca que el campo donde se rueda;
Una obra de teatro en exteriores.
Y muy bien interpretada, por cierto.
He de apuntar algo a este respecto. En esta película hay actores españoles a los que se les entiende, incluso cuando susurran, y además, hablan con naturalidad.
Esto sí que ni sigue vivo ni está escondido en la alcoba, salvo casos concretos, como en la película estrenada este año por Balagueró, lo que me hace sospechar que, gran parte de la culpa de la poca naturalidad que desprenden nuestros actores hablando, es consecuencia de la pobreza de diálogos en esta paupérrima y nefasta cinematografía que nos acompaña desde “Manolo, guardia urbano” hasta nuestros días y que, de vez en cuando, muy de vez en cuando, saca a lucir con orgullo películas como esta.