La formación católica de Hitchcock condicionó en gran medida su obra, siendo recurrente en su filmografía la figura del inocente acusado falsamente, una figura de inspiración claramente cristiana. Yo confieso aborda de nuevo este tema, situándolo en un ámbito religioso, lo que le daría la oportunidad de explicitar en mayor medida sus obsesiones relacionadas con la religión.
Yo confieso narra el dilema moral de un sacerdote que recibe la confesión de un hombre, sacristán de su parroquía, en la que le confía que ha asesinado a un rico abogado de la ciudad, para después robarle. Dicho dilema se agrava cuando la policía empieza a sospechar que él mismo puede ser el asesino.
Hitchcok consigue una película soberbia, que, con su habitual envoltura de thriller de suspense, profundiza en los citados temas religiosos, no banalizándolos, sino haciéndolos más asequibles para el gran público, y convirtiendo al protagonista en un moderno Cristo que hace suyos los pecados que ha recibido en el confesionario, estando dispuesto a su propio sacrificio.
Montgomery Clift, grandísimo actor, realiza una de sus más recordados papeles en este difícil y torturado personaje; su actuación en la escena en que recibe la confesión es antológica.
spoiler:
Muchos consideran decepcionante el desenlace. Yo también lo creo; si el sacerdote no se hubiese salvado, el resultado sería menos complaciente, pero más convincente.