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Cautivador divertimiento
Film nº 22 de Hitchcock, penúltimo de su etapa inglesa. El guión de Sidney Gilliat y Frank Launder adapta la novela "The Wheel Spins" (1936), de Ethel Lina White. Se rueda en exteriores de Hampshire y en los platós de Gaumont Studios y Studios Lime (RU). Gana un premio de la neoyorquina NYFCC (director). Producido por Edward Black, se estrena el 1-XI-1938 (EEUU).
La acción tiene lugar en Brandika, país centroeuropeo imaginario, y en Londres, a lo largo de unos días de la primavera de 1938. Iris Matilda Henderson (Lockwood) es una muchacha de clase alta que regresa a Londres para casarse. El tren en el que viaja, el rápido Transcontinental Internacional, sufre una avería a causa de una avalancha de nieve. Pasa la noche, junto con los otros pasajeros del tren, en un hotel de la montaña, donde conoce a una anciana encantadora, Miss Fray (May Witty), y a un músico modesto, Gilbert Redman (Redgrave).
El film suma misterio, intriga y comedia, a la que añade elementos de drama, acción y aventuras. Se considera que es uno de los trabajos mejor logrados de la etapa inglesa del realizador. Mantiene a lo largo del relato un nivel alto de suspense. Como es contumbre en Hitchcock, un hecho insólito desestabiliza la vida de los actores. A partir de éste, los protagonistas se movilizan para afrontar un problema, ante la indiferencia e inhibición general. El realizador se sirve de sorpresas, situaciones inesperadas, confusiones y mascaradas, para mantener vivo el interés del espectador. Añade elementos visuales que refuerzan la tensión psicológica (imágenes vertiginosas, maceta que cae el vacío...). Extrae humor de la caricaturización de diferentes nacionalidades, identificando a los ingleses con la obsesión por el críquet, a los franceses con la pasión por el amor, etc. Se sirve de otros recursos humorísticos, como la apariencia de babel lingüística que adquiere el hotel a causa de la acumulación de clientes. El disfraz de monja enlaza suspense y humor. El sentido del misterio se refuerza con la presencia de la duda y la incertidumbre. Se hace uso del silencio como factor potenciador del suspense. La presencia del tren responde a una de las constantes del realizador, que en esta ocasión da cabida a gran parte de la acción.
Es interesante seguir la evolución psicológica que experimenta Iris a lo largo del relato: pasa de la indiferencia propia de una chica rica, que lo tiene todo, a comportarse como una muchacha responsable y preocupada por los hechos que la rodean. Contiene sutiles referencias críticas al nazismo.
La música, de Louis Levy ("Sabotaje", 1936), ofrece un magnífico preludio, alegres composiciones populares alpinas y melodías de acordeón, piano, viento y orquesta. La fotografía, de Jack Cox ("El número 17", 1932), presenta negros sólidos y firmes, blancos intensos, perspectivas amplias y profundas, planos de cámara subjetiva (mareo de Iris) y una excelente gestión del espacio escénico (tren). Película deliciosa y fascinante.
Miquel 
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