El asunto éste de las cartas no es más que un simple entretenimiento, con algunos fallos de guión considerables y bastante previsible en su desarrollo. Su estructura cíclica no significa, más bien al contrario, que sea una película redonda. Hay tantas aristas por pulir, que si hiciéramos una lista nos saldrían, por lo menos, siete y media. El planteamiento resulta relativamente interesante, pero la mayoría de los personajes son inconsistentes, muchos de sus actos carecen de coherencia, como individuos en sí, pero sobre todo dentro del entramado argumental. Para pasar el ratito en una tarde de lluvia, como ésta. Ver Spoiler.
spoiler:
La clasecita en plan figura de Spacey a privilegiadas mentes del MIT es para echarse a temblar. Y la argumentación del joven protagonista sobre las posibilidades del supuesto que le plantea el profe son una simple estupidez.
¿Para qué el numerito de los fajos en el aeropuerto? No tiene sentido cargar con un montón de dólares al novato y correr un riesgo innecesario. Doscientos mil dólares pasan mucho más desapercibidos en cinco o seis braguetas que en una. Al margen de que todo eso se hubiera evitado enviando a uno del grupo con toda la guita por carretera. Vale, de Boston a Nevada hay tropecientos kilómetros, pero unos tipos que viven de eso y manejan esas cantidades bien podrían montárselo un poquito mejor.
Resulta que el punto fuerte del protagonista es su frialdad, pero pierde la cabeza porque sus amiguitos le sacan de un proyecto chorra. Paradojas de la vida, él, que es un genio de los números y tiene una memoria prodigiosa, arruina el proyecto por 8 cochinos K.
La variedad de gestos para comunicarse los miembros del equipo protagonista son para descojonarse. Son tan cantosos que sólo a Stevie Wonder le pasarían desapercibidos.
Resulta gracioso que una de las normas fundamentales para que el plan tenga éxito, es que nadie pueda sospechar en Las Vegas que entre los protagonistas haya ninguna relación. Por eso se reúnen constantemente en una superlujosa suite de un hotel de la susodicha ciudad. Y por si fuera poco, luego se van todos de tiendas, a despilfarrar en regalos carísimos, las ganancias obtenidas.
Por no recordar el episodio de las show girls haciendo cola para cobrar miles y miles de dólares en forma de propinas. De lo más discreto.
Lo del software de reconocimiento es para mear y no echar gota. Se pasan media película entrando a jugar con la misma cara, los mismos gestos y con los mismos compañeros de mesa. Bueno, a veces se cambian de americana.
¿Por qué dejan escapar a la maciza cuando cogen al protagonista por primera vez?
Lo mejor para pasar desapercibido en el casino es entrar vestido de Cocodrilo Dundee, como todo el mundo sabe.
A los personajes de los amigos frikis no hay por dónde agarrarlos.