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Tantas veces va el cántaro a la fuente, que al final quiebra.
Nominada al mejor documental en los Oscars del 2006, Enron es una película que rehuye el carácter personalista y satírico de directores como Michael Moore y Morgan Spurlock, y opta por un tono más serio y de apariencia más rigurosa y objetiva. Así, Alex Gibney, mediante una narración sobria (P. Coyote es quien pone la voz en la VO) y la intercalación de imágenes de archivo, declaraciones de testimonios y expertos, y alguna reconstrucción ficcionada, nos acerca a una de las mayores ruinas financieras de la historia de los EEUU. El escándalo de la energética Enron fue un mediático pelotazo en el que se vieron envueltos varios ejecutivos de la séptima empresa estadounidense más importante, y que se saldó con la ocultación de pérdidas millonarias, la quiebra absoluta de la compañía, salpicaduras a la clase política, algún que otro suicidio y varios miles de desempleados, víctimas de esta estafa sin posibilidad de recuperar sus fondos de previsión social. Excesivamente copiosa en cifras, datos y nombres, 2 son las certezas que subyacen del discurso: la primera, que en las zonas más opulentas del globo el neoliberalismo también tiene su lado más oscuro; la segunda, que la avaricia rompe el saco.
FERNANDO BERMEJO 
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