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Vincent, Jules, Mia, Marcellus, el Señor Lobo, Honey Bunny, Ringo, Jimmy, Butch, Fabienne...
Todos esos nombres y muchos más deberían conformar el título de mi crítica, ya que el maestro Tarantino nos vuelve a deleitar con una obra coral , tras la excelsa Reservoir Dogs, plagada de virtudes y escasos defectos; más que una película, son varias historias que se cruzan y entrecruzan , con continuos flashbacks, ordenada dentro de su desorden formal, y sorprendente en el dibujo de todos los personajes, aparte de dejarnos unas cuantas escenas míticas y que ya forman parte de la memoria cinematográfica universal, como el baile de Vincent Vega (el recuperado Travolta) con Mia Wallace (Uma Thurman antes de enfundarse en un mono amarillo y convertirse en la némesis de Bill), o ese Jules recitando el Ezequiel 25.17 antes de cargarse al fulano de turno, o ese señor Lobo, llámeme Winston, un Keitel maravilloso ocupado de "resolver problemas". O Tim Roth y señora, que tienen la suerte (o no) de ir a cometer un "palo", y cruzarse con Vincent y Jules, que acaban de tener un día de perros, o ese Butch- Willis de boxeador crepuscular -engañando al gángster para dar un giro a su vida junto a su pastelito María de Medeiros...
No se vayan todavía, que aún hay más, parece que nos dice el señor Tarantino, desplegando un talento a raudales en el guión y la dirección, aparte de una sabiduría claramente cinéfaga, es decir, fruto de haberse merendado miles y miles de películas, buenas, malas y peores, lo que transmite en su obra.
En fin, si no la habéis visto, vedla, y si ya la habéis degustado, repetid.
babayu 
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