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Serendipia visual
Kar-wai viaja a EE.UU. y cautivado por el cine de género, los paisajes desérticos y metropolitanos del Nuevo Mundo pretende amoldar toda la cartografía sentimental de este flamante terreno a la suya propia (o más bien al contrario). Estas noches de tarta de arándanos (blueberry nights) buscan ser un tratado formal sobre la luz de neón y la captación encuadrada a través escaparates y cristaleras que ayudan a aplicar el enfoque/desenfoque del punto de vista del narrador omnipresencialmente intimista.
Paleta cromática sobreexpuesta con preeminencia de rojos, verdes y azules, Kar-wai logra imágenes hipnóticas sugestivas que terminan siendo fetiche hecho audiovisual. Entronca lo mejor de su filmografía con base fundamental tanto argumental como de forma en, quizás su obra más fresca y sensual, 'Chungking Express' (1994) pero ni se asoma a las cotas de ésta. Lo que en Chungking era inventiva sugestiva: el abandonado y enamorado personaje interpretado por Takeshi Kaneshiro no paraba de correr y comer latas en conserva caducadas para reprimir el llanto, aqui se convierte en lágrimas fáciles; mientras que los apartamentos encuadrados desde el exterior en un edificio que hace chaflán tenían protagonismo interior en 'Fallen Angels' (1989) o en 'As tears go by' (1988) aquí sólo parecen acudir cómo imágenes huecas, sólo para que su autor se luzca. A Kar -wai se le va la mano 'bigger than life' en algún instante y la cosa se queda como bonita estampa visual y poco más.
Rachel Weisz (uno de los rostros más bellos del panorama cinematográfico actual) no sólo despierta el recuerdo de Maggie Cheung sino el de Briggite Lyn (de nuevo Chunking Express) e incluso el de la sensual mirada de Jeanne Moreau; el personaje encarnado por Jude Law maneja la misma soledad y el mismo estado de esperanza que el ya comentado de Takeshi Kaneshiro; David Strathairn viste idéntico uniforme exterior y de alma (aunque con más autodestrucción explícita) que el de Tony Leung en, otra vez más, Chunking Express. Mención aparte merece la notable interpretación de Natalie Portman: el personaje de My blueberry nights que más novedad añade a la filmografía Karwaiana.
En My blueberry nights sigue trabajando con la stop motion, los degradados, la saturación y las diveras calidades cinematográficas y en algún instante aparece el plano fortuito, surge la serendipia cinematográfica, aunque la soseria de algún que otro personaje e intérprete, así como alguna trama y elementos de la historia narrada que no pasan de flojos e intrascendentes repercutan en la nadería de todo el artefacto (algo similar a lo que ocurrió con la grandilocuencia de F.F. Coppola en 'Corazonada' -1982-), pero Kar-wai termina dejándose llevar de verdad tanto en su forma como en su fondo y nos regala el beso más bellamente cinematográfico desde que Sam Raimi “inventara” el beso del trapecista con la ayuda de Kirsten Dunst y Tobey Maguire enfundado con la máscara de Spider-man.
Migue Muñoz 
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