|
Me enamoré de esa rata
Me enamoré de esa rata en cuanto la vi casualmente en la casa de un conocido en su recién inaugurada pantalla gigante de plasma. Vi el trailer de la película y me enamoré de Remy, y cuando ví el film en los LUX Cinema me di cuenta que soy como Remy, y que, en resumidas cuantas, todos aspiramos o somos unos Remy potenciales. Como veis, no estoy hablando como un crítico, sino como una persona profundamente emocionada por el arte, tal y como le ocurre al antagonista de Linguini, el crítico culinario Antón Ego, cuando prueba ese humilde plato de hortalizas provenzales. A mi también, como a Ego, se me disparó lo que algunos llaman el <<mal de Stendhal>>, la sacudida físico-emocional que a veces produce un a obra de arte. Exquisita, elaborada, múltiple en sus tramas y sus detalles que reqerirán muchos más visionados, el film se nos ofrece como una maquinaria perfecta tanto en la ejecución como en su discurso, -profundísimo -acerca de un mundo que estamos convirtiendo en basura, justo de donde emerge ese personajillo que define desde tiempos remotos la fauna que acompaña a una civilización <<productora de basura>>: la humilde rata. Destacaría a pasar a los anales del cine varias de sus escenas: la huida de Remy por alcantarillas y tuberías, la preparación de la sopa, y, sobre todo, el discurso final de Antón Ego, conmovedor. Es sin lugar a dudas, Ratatouille, el mejor film de 2007.
PUERTAOSCURA 
|