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Clase de sociología.
Definitivamente la línea que separa el cine de ficción del documental es cada día más delgada. Y una buena muestra de ello la encontramos en “La clase” que Laurent Cantet nos ofrece, una buena radiografía extrapolable más allá de esos muros a los que hace mención el título original, para ampliar su retrato al conjunto de toda la sociedad. Esquivando con elegancia la tentación de caer en la típica historia del profesor enfrentado a un grupo de alumnos conflictivos, el director francés deja que sean los personajes (tan reales como ellos mismos) quienes marquen el ritmo de la película y consigue de este modo ofrecer un retrato ajustado de la realidad, huyendo de moralinas y (falsos) mensajes de esperanza. En “La clase” no hay alumnos que acaben siendo redimidos ni profesores capaces de enderezar el rumbo del alumno más negado, sino un aviso hacia un sistema educativo que ve quebrantarse los valores que antaño marcaban su esencia. Los conocimientos, el respeto, la cultura del esfuerzo cotizan a la baja ya no solo entre los adolescentes sino en el global de la sociedad occidental que ve como además el problema de la inmigración acentúa las dificultades de formación de unos jóvenes que no encuentran más alicientes y alternativas que el ocio y el consumo desenfrenado. Todo esto lo refleja Cantet de una manera clara y precisa, sin tomar partido en ningún momento por alguno de los dos bando enfrentados a una guerra en la cual la disputa por conseguir cotas de poder se puede ver salpicada por sorprendentes reflexiones extraídas de los clásicos griegos.
Lo mejor: su mirada hiperrealista.
Lo peor: su mensaje desesperanzador.
AMQE 
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